Ambos permanecían inmóviles frente a frente. La botella de cerveza continuaba entre los dedos de Elena, no porque necesitara terminarla, sino porque representaba una noche distinta, una noche donde había recordado cómo era reír sin miedo, conversar sin sentirse juzgada y caminar al lado de un hombre que jamás la hizo sentirse menos por el cuerpo que habitaba. Aquella pequeña botella parecía insignificante, pero en los ojos de Sebastian se había convertido en una prueba irrefutable de que ella e