Mientras tanto, Austin había llegado a la empresa tras una carrera inútil por las calles de la ciudad.
Al ingresar al garaje subterráneo yendo en búsqueda de Harper, se dio cuenta de que el auto en donde había salido huyendo no se encontraba por ningún lado.
Con la mandíbula tensa y una tormenta interna que no lograba aplacar, se dirigió al piso de presidencia.
Entró a la oficina con pasos pesados, ignorando las miradas de su secretaria, cerró la puerta tras de sí con un golpe seco.
Caminó ha