La necesidad de disculparse con ella, de correr a la mansión y hacer hasta lo imposible para borrar el dolor de su rostro, lo golpeó con violencia.
Pero el empresario no había terminado su juego, no al darse cuenta de la rigidez en la postura de Austin, así que decidió ir un poco más lejos con sus comentarios, soltó una risotada baja y provocativa.
—Dime la verdad Cooper... —se acercó el hombre entre risas despectivas—. ¿En verdad quieres a esa secretaria que tiempo atrás para lo único que serv