Ante las palabras de Loren, Austin permaneció de pie frente a ella, con el pecho agitado y los puños apretados a los costados, su mirada se fijó en ella como si se tratara de una extraña a la que detestaba.
Loren por un instante pensó que había logrado convencer a Austin, intentó mostrarse aún más lastimada, una víctima en su mayor expresión.
—No me vengas con lágrimas de cocodrilo, Loren —dijo él con amargura causando que ella dejará caer unas cuantas lágrimas y una mirada de perrito triste m