Las luces de la ciudad se difuminaban a través de las ventanillas del auto, mientras que Harper mantenía la mirada fija en el exterior, apoyando la cabeza contra la silla conduciendo a una velocidad prudente.
A pesar de que en aquella ocasión no se dejó pisotear por Loren y de haber salido del salón con la frente en alto tras dejarla en ridículo frente a todos, la amargura no tardó en instalarse de nuevo en su pecho.
La adrenalina de la victoria se evaporó en cuestión de minutos, dejando al des