El rugido del motor del taxi ni el dinero que Austin le dio al conductor fueron suficientes para alcanzar el vehículo que Harper conducía.
Harper, con el rostro transformado por el llanto y el pulso acelerado por su enojo, se exigió así misma a tomar rutas secundarias, necesitaba dejar salir el dolor en su pecho y que mejor forma que conducir a toda velocidad.
De manera inconsciente, en medio de su desahogo logró perder a Austin.
Austin al darse cuenta de que la había distanciado por completo