Mundo ficciónIniciar sesiónLuego de aquella noche cargada de estrés y presión, Harper luego de lavar su cuerpo se dirigió al comedor con el estómago hecho un nudo.
La tensión de la noche anterior aún la sentía en los hombros, y la urgencia de que la junta de esa mañana saliera perfecta la mantenía en un estado de alerta constante.
Al entrar, encontró a Austin sentado de manera erguida alrededor de la mesa, estaba tomando el desayuno con una rigidez que hacía juego con la tormenta en sus ojos oscuros.
En cuanto Harper tomó asiento al otro extremo de la mesa, el silencio se rompió.
Austin cerró los puños y golpeó la madera con una fuerza brutal que hizo temblar la vajilla de porcelana. El estruendo provocó que Harper diera un pequeño salto en su silla al tomarla por sorpresa.
—No vuelvas a amenazarme en tu vida —gruñó Austin inclinándose hacia ella con los ojos encendidos con rabia y prepotencia.
»Lo que pasó anoche no se va a repetir, aquí el que manda soy yo... que soy yo quien tiene el control sobre los gastos de tu hermana en ese hospital, no olvides eso Harper. El que toma las decisiones soy yo, tú solo eres una asistente, una mujer sin gracia que está en este círculo social porque yo lo permití.
»Tu único deber es obedecer mis órdenes sin importar cuáles sean. ¿Te queda claro? —las palabras que salieron de Austin fueron precisas, implacables hacia ella.
La presión que Austin ejerció en ese momento, utilizando todo el peso de su estatus y la amenaza implícita sobre la salud de Sofía, arrinconó a Harper.
Él la miró con una arrogancia desmedida, disfrutando del sutil temblor en las manos de ella, estirando la cuerda hasta que el silencio se volvió insoportable.
Harper, tragándose el orgullo y respirando con dificultad, tuvo que ceder para proteger lo único que le importaba.
—Lo siento, tienes razón Austin —murmuró en voz baja, apretando los dientes—. No volverá a pasar, me dejé llevar por la preocupación, sé muy bien lo importante que es la empresa para el señor Hugo, una caída le hará demasiado daño.
Austin esbozó una sonrisa de suficiencia, complacido al verla de nuevo bajo su sombra, sin decir más, tomó las carpetas que ella había preparado con tanto esmero y comenzó a revisarlas con una concentración fría, preparándose para lo que se venía en la empresa.
En el fondo, sabía que sus carpetas, podían ser ese complemento que él necesitaba para que todo terminara por salirle bien.
De camino, Harper no se atrevió a pronunciar palabra alguna simplemente lo observaba ocasionalmente de reojo.
Una hora después, ya se encontraban en la sala de juntas. Austin se paró al frente con su habitual postura de líder impecable, exponiendo con fluidez y astucia cada punto estructurado en las carpetas de Harper y al mismo tiempo todo lo que él organizó.
Los rostros de la mayoría de los inversionistas reflejaban un convencimiento absoluto. Excepto uno.
Un hombre maduro, severo y el cliente más fiel y antiguo de Hugo, no apartaba sus ojos cargados de desconfianza de las pantallas.
Él no creía en la supuesta experiencia de Austin, y no perdió una sola oportunidad para atacar, cada vez que Austin cometía el más mínimo desliz o redondeaba una cifra, él lo interrumpía con voz firme.
Pero no solo porque creyera que Austin era incompetente, más bien quería tener más poder, y el que un hombre joven ahora estuviera frente a la empresa en la que había sacado ventaja durante mucho tiempo, no le gustaba mucho.
—Ese dato está equivocado, Cooper —sentenció interrumpiendo a Agustín una y otra vez a mitad de una frase.
Austin, apretó los labios y corrigió el error, nuevamente regresaba a aquello que Harper había preparado en las carpetas, pero el estrés en ese momento hacía que nuevamente este hombre encontrara algo mal.
—Estás forzando las proyecciones de logística Cooper, se más claro frente a todos los presentes... Te digo que no tienes la capacidad ni la habilidad de tu abuelo para hacer esta clase de negocios.
»Eres impulsivo y este imperio te queda grande, no me agrada tu manera de hablar, te falta la sabiduría de tu abuelo —Austin crujía los dientes cada vez que aquel hombre lo interrumpía.
Durante toda la reunión los comentarios mordaces y despectivos de aquel hombre no cesaron.
La insolencia del hombre comenzó a calar hondo en el temperamento volátil del nuevo CEO. Harper notó como la vena en el cuello de Austin se tensaba y como sus nudillos se volvían blancos al apoyarse en la mesa.
Debido a lo poco que ella lo conocía, estaba completamente segura que Austin estaba perdiendo el control.
—Si no le gustan los términos, puede retirar sus acciones —advirtió Austin, con un tono de voz seco, seguro de sus decisiones.
—Las retiraría hoy mismo si no fuera por Hugo, pero él ya no está, y tú solo eres un niño rico jugando a ser un hombre —replicó el hombre con desprecio.
Esa fue la gota que derramó el vaso... Austin mostró aquella sonrisa que lo caracterizaba, aquella que decía que estaba justo en el lugar que le pertenecía, dónde nadie lo podría pisotear.
El hombre buscaba hacer que Austin se saliera de sus casillas para así entrar en una controversia, dividir la junta y hacer que la estabilidad de la empresa quedará en cuerda floja.
El hombre movió la mano con brusquedad lanzando unas carpetas al piso, lo cual desató un alboroto, entre gritos hacia Austin, los inversionistas observaban desde sus asientos con preocupación.
—¡Vuelve a insultarme y te juro que te hundo en la miseria! —rugió Austin con autoridad, acortando la distancia entre los dos, pero dejando un pequeño espacio en donde la respiración de ambos se podía sentir con pesadez.
Harper entró en una desesperación absoluta. Sabiendo que un escándalo de agresión destruiría la empresa y pondría las acciones en peligro.
Antes de que él cometiera una locura Harper se lanzó sobre el cuerpo de Austin, aferrándose a su brazo con todas sus fuerzas.
—¡Austin, no! ¡Deja eso así ahora mismo! —le pidió Harper, tirando de él con desesperación—. ¡Vas a arruinarlo todo! ¡Déjalo pasar, solo busca provocarte!
Al ver que Austin respiraba agitado y que el hombre comenzaba a perder la compostura Harper interpuso su cuerpo entre ambos.
Austin una vez que vio a Harper en medio se sorprendió, su intervención le mostró que los intereses de Harper no estaban lejos de los suyos.
Viendo que el caos amenazaba con disolver la sociedad, Harper respiró hondo y tomó el control absoluto de la reunión.
—Bien, antes de continuar, si alguno piensa como él, puede decirlo en el momento. Mis proyecciones muestran que las ganancias de cada uno de ustedes crecerá. Así que si alguno piensa lo contrario, puede decirlo e irse.
El silencio que siguió fue corto, Austin al ver que todos se miraron y quedaron allí en su lugar continuó con la presentación.
Harper le brindó un vaso con agua a aquel hombre que se mostraba alterado tratando de recuperar la respiración, pero sus intenciones eran claras, crear caos y él no se lo permitió.
Harper luego de aquel alboroto se paró en el centro del desastre, ignorando la mirada de Austin cuando la reunión terminó.
Con una voz dulce, pero dotada de una coherencia imponente que la caracterizaba cuando algo se refería a la empresa, se dirigió directamente al hombre.
—Señor, le pido una disculpa en nombre de la presidencia, las tensiones por la transición están altas, pero sus observaciones cuando acusan sin justificación no son tolerables, hacemos un excelente trabajo y lo demostramos con resultados —dijo Harper, manteniendo un tono sereno dirigiéndose al hombre.
»Si me permiten, antes de terminar mostrarle el anexo de la carpeta que tiene en sus manos, verá que la cláusula de contingencia protege su capital exactamente de los riesgos que usted acaba de mencionar.
»El señor Cooper y yo diseñamos esta estrategia pensando en la lealtad que usted siempre le ha tenido a esta familia —Harper con delicadeza se acercó al hombre tratando de mostrar que estaba en el lugar correcto.
El hombre aún agitado, pero sorprendido por la sensatez y la elegancia de las palabras que salían de la boca de Harper miró el documento que ella le señalaba.
La lógica impecable de Harper y su capacidad para mantener la calma en medio de ese altercado y la seguridad de Austin al manejar ese momento dejaron a más de uno convencido de que Hugo había tomado la mejor decisión.
Al final de la bochornosa reunión, gracias a la brillante intervención de Harper, y la astucia de Austin aquel cliente “importante y con buenos deseos al que siempre solía defender Hugo” no solo decidió quedarse, sino que firmó el acuerdo de expansión que traería un jugoso negocio con ganancias de grandes millonadas para la compañía.
Cuando la sala finalmente quedó vacía, solo quedaron ellos dos.
Austin la miró a través del rabillo del ojo, ella permaneció a su lado, sin cuestionar, sin opinar, simplemente obediente ante su presencia
Harper, con las manos aún temblando por la adrenalina, pero con la frente en alto, lo enfrentó con la mirada.
Los dos sabían que ella le había salvado el pellejo ante las exigencias de su abuelo, y que a partir de ese día él la comenzaría a observar de una manera diferente porque de algún modo, él comprendió que ella podía ser útil para la empresa y tenerla a su lado sería lo mejor para sus planes.







