Mundo ficciónIniciar sesiónÉl salió de su despacho, cansado luego de estudiar cada línea de los últimos contratos, dispuesto a descansar para prepararse para lo que se venía. Antes de seguir caminando notó la casa en silencio, al entrar a la biblioteca, la luz del escritorio estaba encendida.
Harper lo esperaba allí, seguía vistiendo el traje de la mañana, aunque se había quitado los tacones. Frente a ella, la computadora mostraba los gráficos de cierre del mercado y a un lado descansaban las mismas carpetas que él había rechazado horas antes.
Su rostro reflejaba un cansancio extremo, pero sus ojos avellana brillaron con furia en cuanto lo vio cruzar la puerta.
—Vaya, el CEO ha decidido honrarme con su presencia —dijo Harper, su voz destilando un sarcasmo letal mientras cerraba la pantalla de la laptop.
»Espero que la hayas pasado muy bien porque yo tuve que pasar algunas horas buscando hacer lo que pidió el señor Hugo —gruñó con palabras directas—. Aunque es obvio que si llegó a esta hora, es porque se estaba divirtiendo mucho, tal vez con una de sus amigas.
Austin caminó hacia el minibar de la biblioteca y rodó sus ojos, estaba agotado, estiró el brazo y se sirvió un whisky con total parsimonia para ocultar la ligera sorpresa de verla despierta.
El olor a un perfume ajeno, dulce y empalagoso, se desprendió de su ropa llenando el espacio entre ambos.
Harper lo notó de inmediato, pero no hizo más que curvar los labios en una mueca de profundo asco.
—No tengo que darte explicaciones de dónde paso mi tiempo —replicó él dándose la vuelta y mirándola con superioridad—. La empresa funciona, ¿no es así?, para eso te pago... para eso salvé a tu hermana.
»Tu trabajo es ser mi asistente, el mío es dirigir, en ningún lugar está estipulado que debes cuestionar mis movimientos —Harper apretó los labios y entrecerró los ojos.
Harper se puso de pie, apoyando las manos sobre el escritorio, enfrentándolo sin una pizca de temor. La chispa de rivalidad entre los dos encendió la habitación.
—Tu abuelo me llamó tres veces hoy, ¡tres veces Austin lo puedes entender!, tuve que mentirle, tuve que decirle que estabas en una inspección de campo para que no se diera cuenta de que su flamante sucesor prefiere seguramente revolcarse con su amante antes que asumir la responsabilidad de su empresa.
Habló bajando la voz pero cargándola de una intensidad peligrosa.
—No te confundas Harper, no puedes venir a acusarme de cosas, simplemente porque eso es lo primero que se te viene a la cabeza. Escúchame bien, no me conoces, no tienes idea si hago mi trabajo bien o mal... yo te voy a mostrar que tan bueno puedo ser como empresario y no solo a ti, también a mi abuelo.
—Para eso, debe ocupar su lugar con seriedad, porque si sigue así, puede que le diga a su abuelo que usted únicamente habla por hablar, y que si la empresa sigue así, seguramente irá a la quiebra.
Austin dejó el vaso de whisky sobre la mesa con un golpe seco, la mandíbula tensa por la rabia de verse expuesto y desafiado en su propio terreno.
Se acercó a ella a grandes zancadas, acorralandola contra el borde del escritorio, sus rostros a milímetros de distancia, ella no retrocedió su aliento golpeaba contra sus labios.
—¿Me estás amenazando, Harper? —murmuró con una voz que era puro veneno—. No olvides quien tiene la sartén por el mango aquí. Un solo informe mío al hospital y tu hermana se queda sin tratamiento mañana mismo.
—¡Hazlo!— desafió Harper, sin retroceder un solo centímetro, sosteniéndole la mirada fulminante con una audacia que lo descolocó
—Inténtalo, si dejas morir a Sofía, ya no tendré nada que perder, te garantizo Austin que una mujer como yo, sin nada que perder es lo más peligroso que vas a enfrentar en tu miserable y perfecta vida.
»Te aseguro que destruiré tu reputación con la prensa antes de que puedas pestañear. Así que vuelve a tu lugar, bájale a tu maldito ego, y mañana a las ocho en punto estaremos en la oficina repasando la agenda —habló Harper completamente exaltada.
El silencio que siguió fue asfixiante, Austin la miró fijamente, buscando algún rastro de miedo en sus pupilas, pero solo encontró un muro de acero que él mismo estaba construyendo debido a sus malos tratos.
Por primera vez, el CEO sintió una punzada de frustración real; la mujer que creía haber comprado se estaba convirtiendo en su oponente más letal.
Sin decir una palabra más, Austin se apartó bruscamente y salió de la biblioteca, dejando a Harper hecha un manojo de nervios e histeria.
Harper soltó el aire que contenía, sintiendo el temblor de la adrenalina en sus manos, pero con una amarga sonrisa de miedo en su rostro, sabía que se había propasado al retar a Austin, no podía jugar con la vida de su hermana, pero aquel condenado hombre se las había arreglado para llegar a los límites de su paciencia.
La farsa del matrimonio seguía en pie para el mundo exterior, pero dentro de esas paredes eran los peores enemigos.







