Sin compasión

En la noche, Austin miró el mensaje de su abuelo y a Harper, ella estaba frente a él con un par de maletas, pequeñas, viejas y demasiado baratas. Su ceño estaba fruncido, realmente estaba molesto. 

 —Lamento haber llegado así, pero el señor Hugo me dejó claro que tenía que venir a vivir aquí. Si fuera por mí, esta sería la última opción... —él la interrumpió con su mano. 

 —Sí, lo sé. Él tuvo la brillante idea de avisarme por teléfono. Sé que hace parte del show, pero no esperaba que fuera tan pronto. —Él pasó la mano por su cabello totalmente irritado—. Para que esto no me vuelva loco tendrás que seguir las reglas: Dormiremos en habitaciones separadas, cada uno en su espacio. No puedes interferir en nada de mi vida, quiero que hagas como si no existieras aquí. ¿Está bien?

 Ella asintió, era obvio que la incomodidad para él, era similar a la de ella. 

 —Tu habitación es la del fondo, la de visitas... pero dejarás algunas cosas en mi habitación, cuando mi abuelo venga de visita, mentirás y dirás que duermes conmigo ¿Claro?

 —Me queda claro. 

Espero que hagas bien tu trabajo, y no solo en la empresa, si no que también con todo lo relacionado a nuestro compromiso falso. Debemos revisar eso, que sigas tu agenda como hasta ahora y que seas más eficiente con la mía. 

Harper cerró su computadora con un golpe seco y se puso en pie, su cuerpo se tensó, su mandíbula se tornó tensa dispuesta para enfrentarlo. La rivalidad entre ambos vibraba en el aire con electricidad, ninguno de los dos se soportaba, pero por obvios motivos no podían estar separados.

 —Por si no se ha dado cuenta Austin, no soy una de sus empresas a las cuales se forjan y se hacen cambios abruptos sin su consentimiento...yo sé perfectamente como trabajar, como hacer las cosas. No necesito sus recomendaciones. 

 »A diferencia de usted, puedo hacer mi trabajo ofreciendo los mejores resultados y al mismo tiempo continuar con esta farsa, eso sin importar que usted me lleva de la peor manera obligándome a hacer cosas que no deseo.

 —No te confundas, Lane —replicó él mientras se acercaba hasta que sus sombras se mezclaron en el suelo—. Solo soy precavido, mi único interes en esto es mi empresa, por eso debes grabar en esa cabeza lo que tienes que hacer, adicional  tienes que lucir como si valieras cada centavo que estoy invirtiendo en ti. 

 »No voy a dejar que tu insistencia en parecer una mártir de clase trabajadora arruine mi ascenso, solo mírame, soy un hombre que irradia poder y fortuna absoluta.

 —¿Tu inversión? —repitió ella con desprecio—. Hablas de mí como si fuera una acción en la bolsa.

 —En este momento eso es lo que eres exactamente, no puedo darte lugar o nombre diferente —respondió Austin con una sonrisa malvada.

 »Eres una acción que compré a bajo precio y que pretendo revalorizar antes de la boda, así que deja de quejarte de los lujos, úsalos y sonríe. Es el único trabajo que tienes ahora —agregó acercándose aún más a ella, Austin disfrutaba hacer que ella se incomodara.

 —Mi único trabajo es asegurar que Sofía esté a salvo —le recordó ella bajando la voz, pero cargándola de veneno—. Y en cuanto a esta... Relación, este contrato esté vigente me encargaré de que te arrepientas de cada humillación.

 Ante las palabras de Harper, Austin soltó una carcajada que resonó por todo el lugar.

 —El coraje te sienta bien, pero la realidad te sienta mejor... Al verte detenidamente con mi dinero sobre tu cuerpo se me ocurren diferentes ideas... Ideas que claramente me pueden traer grandes beneficios —Harper frunció el ceño.

 »Quizá te pueda presentar con algunos amigos, ellos tienen un gusto particular por aquella clase de mujeres que carecen de belleza, tal y como lo eres tú.

 »Aunque para mí, ante mis ojos sin importar la cantidad de lujos que llevas sobre tu cuerpo, y la forma en que ahora llevas la vestimenta... Sigues siendo la misma mujer que vi la primera vez —Austin sonrió de medio lado y su mirada se agudizó. 

 »Una mujer fea, sin gracia, descuidada y con olor a libros viejos y a cafetera de oficina que pide a gritos un reemplazo —aquellas palabras fueron afiladas dagas que golpearon el cuerpo de Harper, atravesando su corazón.

 Aunque a ella le importaba en lo absoluto lo que pensaran sobre su apariencia, desafortunadamente, la forma en que Austín se refería hacia ella podía romper ese grueso muro hasta llegar a sus frágiles sentimientos, la lastimaba de una manera que nadie lo podía causar.

 «Desgraciado... ¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera, cómo te atreves a decir esas cosas?, ¿por qué eres tan cruel, qué te cuesta ser cordial?, ¿por qué te refieres de esa manera hacia mi, y por qué demonios me duele tanto que lo hagas?», se quejó Harper en su mente, tratando de contener las lágrimas.

 Austin esbozó una leve sonrisa en su rostro, aquella maldita sonrisa que hacía que las bragas de cualquier modelo cayeran frente a él, pero para Harper solo era una estúpida burla que pronto buscaría la forma de borrar.

 —Aunque te duela haré hasta lo imposible para domarte, transformaré toda esa arrogancia en una mujer dócil que se doblegará ante mí y seguirá mis órdenes como un pequeño perro —comentó Austin con burla.

 Harper se estremeció al escuchar aquellas palabras, cerró los puños con fuerza queriendo brindarle una bofetada y enseñarle modales ya que nadie lo había hecho.

 —Serás una buena chica... Lo aseguro —Austin llevó su mirada hasta los labios de Harper, aquel efecto no causó ni la más mínima sensación en ella.

 Harper organizó las cosas para ir a la oficina, la primera noche ahí, no había sido nada fácil, su sentimiento de soledad crecía con una facilidad que la aterraba, al menos estar allí trabajando manteniendo su cabeza ocupada, de cierto modo era lo único que la mantenía cuerda. 

 Al bajar al parqueadero de esa enorme casa, Austin abrió la puerta de su carro.

 —Sube, se nos hace tarde —ordenó con frialdad. 

 —Iré en taxi, no pienso ir en el mismo carro —respondió ella y continuó caminando. Él se bajó del carro y la sujetó con fuerza del brazo.

 —Estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano en ser amable contigo y tú haces esto. ¿Quién te crees? —ella tomó aire. 

 —No quiero que mis compañeros de la empresa se enteren de esto, al menos no por ahora. Debo vivir aquí porque no tengo otra opción, pero no pienso permitir que eso suceda. 

 —Los inversionistas saben. 

 —Ellos no trabajan a diario conmigo, no comparten en el comedor y mucho menos están ahí a diario. —Austin soltó una enorme carcajada. 

 —Hablas como si te diera vergüenza, al único que debería darle vergüenza de andar con alguien como tu, es a mí. Aquí el único que debería sentirse avergonzado de casarse con una mujer fea, soy yo. 

 Austin manejó a gran velocidad completamente molesto, dejándola allí. Ella suspiró, convencida de que eso era lo mejor. 

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