Ella salió de la habitación sin volver la vista atrás. El taconeo firme de sus zapatos resonó por el pasillo hasta perderse escaleras abajo.
Se retiró al estudio para continuar con los negocios pendientes, buscando en las cifras, las firmas y los balances un refugio donde acallar el torbellino de emociones que amenazaba con desbordarla.
Se sentó frente al escritorio, encendió la lámpara de mesa y abrió los documentos de la empresa.
Quería obligar a su mente a concentrarse en los números, en