Las manitas que cuidaban a Mia no bajaron la guardia y adoptaron una postura de pelea. Una de ellas, con movimientos fluidos y precisos, se posicionó frente a Francisco, lista para bloquear cualquier intento de ataque y cuando este se puso de pie, pues había permanecido arrodillado a una distancia prudente de Mia, una de las manitas con un rápido movimiento, lanzó un golpe dirigido a inmovilizarlo, pero Francisco, aunque estaba drogado, se movió ágilmente, esquivando el ataque.
La otra manita,