Aieln permanecía recostada sobre las blancas sábanas del hospital, inmóvil ante los ojos de cualquiera que entrara en la habitación. La luz fría del techo caía directamente sobre su rostro, resaltando la aparente fragilidad de su piel pálida, el leve vendaje en su frente y la quietud calculada de su cuerpo. Sin embargo, detrás de esa fachada delicada, había algo más… algo oscuro, vibrante, peligrosamente vivo.
Sus labios, apenas curvados, dejaron escapar una sonrisa lenta, satisfecha. No era u