La mañana había avanzado con una precisión casi cruel, como si el tiempo no tuviera consideración alguna por los corazones que luchaban en silencio dentro de aquella ciudad. El edificio de Lacrontte & Carusso se alzaba imponente, reflejando en sus cristales la luz del mediodía, mientras en su interior todo continuaba con una normalidad que resultaba casi irónica.
Helen salió de su oficina con paso firme, llevando consigo su bolso y una carpeta delgada. Su expresión era serena, perfectamente co