El amanecer se filtró lentamente por las ventanas de la vieja villa, tiñendo las paredes cubiertas de telas blancas con una luz tenue, casi melancólica. El silencio era profundo, apenas interrumpido por el canto lejano de algunas aves que anunciaban el inicio de un nuevo día… un día que para Helen Carusso no traía esperanza, sino una realidad que dolía demasiado.
Sus párpados se abrieron con pesadez.
Durante unos segundos, permaneció inmóvil, mirando el techo, como si su mente se negara a despe