El ambiente del hospital era silencioso, casi artificialmente tranquilo, como si las paredes blancas intentaran ocultar las emociones que se desbordaban dentro de cada habitación.
Pero en la de Ailen West…
La calma no era real.
Era calculada.
Ailen estaba recostada sobre la cama, con la mirada fija en el techo, sus labios apenas curvados en una sonrisa que no tenía nada de inocente.
Sus ojos…
Brillaban.
Pero no de fragilidad.
No de dolor.
Sino de algo mucho más oscuro.
Mucho más peligroso.
—Lo