El aire del exterior la golpeó con una suavidad engañosa cuando cruzó las puertas del sanatorio.
Todo seguía igual. Las personas caminaban, los vehículos pasaban, la ciudad respiraba con normalidad como si el mundo no acabara de cambiar por completo dentro de ella. Helen se detuvo apenas unos segundos en la acera. Inmóvil. Sus dedos aún sostenían con fuerza el sobre con los resultados, como si soltarlo significara aceptar por completo lo que acababa de escuchar.
—Estoy… embarazada… —murmuró par