Decide que ella debe de desaparecer.
La habitación del hospital estaba en penumbra.
Solo una lámpara tenue iluminaba el espacio, proyectando sombras suaves sobre las paredes blancas. El silencio era casi absoluto, interrumpido únicamente por el sonido lejano de pasos en el pasillo y el leve zumbido de los equipos médicos.
Ailen West no dormía.
Sus ojos estaban abiertos.
Brillantes.
Despiertos.
Muy lejos del cansancio que su cuerpo fingía tener.
Estaba recostada sobre la cama, con una venda aún envolviendo su cabeza, su expr