La clínica estaba envuelta en un silencio contenido.
No era un silencio vacío, sino uno cargado de tensión, de expectativa… de vida suspendida en un hilo invisible. Las luces blancas iluminaban los pasillos con una claridad casi fría, y cada paso que resonaba en el suelo pulido parecía demasiado fuerte, demasiado real, como si cualquier sonido pudiera romper algo frágil.
Alexander avanzaba sin detenerse.
Su andar era firme, pero no sereno.
Había prisa en su respiración.
Había urgencia en s