El despacho aún olía a encierro, a noches sin descanso y decisiones tomadas al borde del abismo. Pero Alexander Lacrontte ya no pertenecía a ese espacio, no después de lo que había escuchado, no después de lo que había perdido, su cuerpo reaccionó antes que su mente terminara de procesarlo todo. Se incorporó con brusquedad, los ojos aún húmedos, el pecho subiendo y bajando con violencia.
—Ven a mi oficina ahora — ordenó Alexander a su asistente.
Segundos después ya lo tenia ante sus ojos.
— ¿Qu