El aire en la habitación del hospital parecía haberse suavizado desde que la verdad encontró su lugar entre ellos. No era que el dolor hubiese desaparecido, ni que las heridas del pasado se hubiesen cerrado por completo, pero había algo distinto, algo que se abría paso con una delicadeza inesperada: la posibilidad de empezar de nuevo. Y en medio de ese instante suspendido entre lo que fue y lo que podía ser, Amelia se convirtió en el puente que unía cada fragmento roto.
La pequeña estaba senta