La tarde caía lentamente sobre la casa donde vivían las gemelas. La luz del sol entraba por las ventanas altas del salón de estudio, pintando el piso de madera con tonos dorados. Sobre la mesa estaba el tablero de ajedrez que habían dejado a medio juego, pero por primera vez en todo el día Amalia y Abigail no estaban concentradas en las piezas.
Las dos estaban sentadas frente a la computadora portátil que su nana les permitía usar para estudiar.
Amalia movía el mouse con cuidado mientras Abig