La oficina quedó en silencio, pero no en calma. El aire estaba cargado. Pesado. Como si cada rincón guardara el eco de lo que acababa de suceder. Helen aún estaba sobre el escritorio. Sus manos apoyadas a ambos lados de su cuerpo, como si necesitara sostenerse. Su respiración era agitada, irregular, subiendo y bajando con una intensidad que no lograba controlar del todo.
Frente a ella Alexander continuaba tan cerca. Demasiado. Sus rostros a escasos centímetros, sus respiraciones mezclándose en