La habitación seguía en silencio. Pero ya no era un silencio tranquilo, era un silencio cargado pesado y peligroso. Alexander permanecía junto a la cama, con la mirada fija en Ailen, como si intentara descifrar algo que se le escapaba entre los dedos. Sus pensamientos estaban desordenados. Confusos, como si alguien hubiera arrojado todas sus certezas al suelo… y ahora no supiera cómo recogerlas. Ailen respiraba lentamente.
Sintiendo cada pequeño cambio en la presencia de Alexander. Porque lo c