La puerta de la oficina de Alexander se abrió con suavidad. Pero lo que encontró al otro lado no era lo que esperaba, ya que él hombre esperaba que su oficina estuviera desocupada, no obstante Ailen estaba allí, la mujer estaba sentada con elegancia en uno de los sofás, las piernas cruzadas, la postura impecable, como si siempre hubiera pertenecido a ese espacio. La luz que entraba por los ventanales rozaba su figura con delicadeza, dándole un aire casi sereno casi inofensivo.
Alexander se det