La puerta se había cerrado.
Pero el eco de ese cierre… no fue un final.
Fue un detonante.
El silencio en la villa no trajo calma, sino una tensión aún más densa, más cargada, como si el aire mismo estuviera esperando… conteniendo el aliento.
Helen no se movió.
Se quedó de pie, exactamente donde él la había dejado, con el corazón golpeando con fuerza desmedida contra su pecho, como si quisiera romper la barrera de su propia razón.
Su respiración seguía agitada.
Irregular.
Sus labios… aún ardían.