El cielo de Jeju amanecía cubierto por una neblina ligera, como si la isla quisiera ocultar sus secretos bajo un velo suave y silencioso. El aire era fresco, húmedo, y el murmullo lejano del mar parecía latir al mismo ritmo que los corazones inquietos que, sin saberlo, estaban conectados por un hilo invisible.
En el hospital, la habitación estaba en calma.
Demasiada calma.
Abigail dormía.
Su pequeño cuerpo parecía aún más frágil sobre la cama blanca, casi perdido entre las sábanas. Su piel, nor