La noche no parecía avanzar, era como si el tiempo se hubiera detenido entre los árboles altos y la oscuridad cerrada del bosque, como si el mundo hubiese decidido olvidar ese pequeño fragmento de tierra donde Helen Carusso luchaba por mantenerse en pie, por no rendirse, por no dejarse vencer por el miedo ni por el dolor que amenazaba con quebrarla desde dentro.
El frío se había vuelto más intenso. Penetrante. Y aun así, ella no podía permitirse temblar. No cuando tenía a Robert tendido frente