El silencio que quedó tras la confesión de Robert no era incómodo, era necesario. Era ese tipo de silencio que aparece cuando dos personas entienden que, a partir de ese momento, todo cambia. Helen permanecía sentada, con el pequeño sobre aún entre sus manos. Sus dedos lo sostenían con una mezcla de cuidado y reverencia, como si dentro no hubiera solo mechones de cabello… sino fragmentos de una vida que le fue arrebatada.
Su respiración seguía siendo irregular, pero ya no era solo dolor, ahora