—Si fallas, te matarán.
Elinor no alzó la voz, pero tampoco suavizó sus palabras, y la forma en que las dejó caer entre ambas hizo que el aire en la habitación se volviera más pesado. La luz de la tarde entraba inclinada por las ventanas altas, iluminando el polvo suspendido en el ambiente, mientras Lyria sostenía un libro cerrado sobre el regazo que llevaba rato sin leer. Sus dedos se tensaron lentamente alrededor de la cubierta.
—¿La prueba… final? —preguntó, sintiendo cómo algo frío le reco