Elinor lo anunció sin rodeos.
No hubo preámbulos, ni palabras suaves, ni rodeos innecesarios. Estaban sentadas frente a frente en la pequeña sala de la casa de campo, con la luz de la tarde entrando oblicua por las ventanas altas. Lyria tenía un libro cerrado sobre el regazo, aunque llevaba rato sin leer una sola palabra.
—La prueba final llegará pronto —dijo Elinor, con la voz firme—. En dos meses.
Lyria alzó la mirada de inmediato.
—¿La prueba… final?
Elinor asintió despacio.
—H