Vivian
Abrió los ojos lentamente, con la cabeza latiéndole como si martillos la golpearan desde dentro. La primera sensación fue de extrañeza: la suavidad excesiva del colchón, el aroma amaderado mezclado con un perfume masculino familiar. Se giró y, al reconocer los muebles imponentes de líneas sobrias, sintió que el estómago se le desplomaba.
El cuarto de Eduardo.
El sonido del agua cesó en el baño. La puerta se abrió y él apareció envuelto únicamente en una toalla, con el cabello húmedo escu