Eduardo
La luz del atardecer entraba suavemente por la ventana del apartamento de Eduardo, iluminando la vida normal que él estaba reaprendiendo lentamente a vivir. Habían pasado dos semanas desde que salió del hospital, y su rutina ahora era una versión pálida y dietética de su antigua existencia.
Su padre, un hombre normalmente más presente en conferencias internacionales que en la sala de estar, aparecía todos los días puntualmente a las siete de la noche, cargando un termo de sopa hecha por