Vivian
El sonido de la puerta de la habitación cerrándose detrás de Vivian resonó como la tapa de un ataúd, sepultando un mundo de posibilidades no dichas. Se detuvo un momento en el pasillo, con la espalda apoyada contra la madera fría, las piernas temblorosas. El aire del hospital, antes simplemente antiséptico, ahora parecía cargado de los fantasmas de las palabras de Eduardo, flotando a su alrededor como una niebla espesa e ineludible.
“Te amo, Vivian. Siempre te he amado.”
La frase giraba