Eduardo
Sentía la presencia de Vivian como una mirada constante, aunque invisible, incluso cuando ella estaba en otra habitación. Durante todo el evento, su búsqueda fue incesante: un faro en medio de la tormenta de sonrisas falsas y conversaciones vacías. Buscaba sus ojos con la urgencia de un hombre que se ahoga buscando tierra firme, pero Vivian, con la precisión cruel de quien conocía todos sus movimientos, evitaba su mirada de manera metódica, calculada.
Cada vez que él intentaba acercarse