Isa
El impacto del beso me atraviesa como un rayo. No lo veo venir. No lo entiendo. No lo proceso.
Solo siento la pared fría en mi espalda, la respiración caliente de Gabriel invadiendo mi boca… y mis labios paralizados, incapaces de reaccionar. Su cuerpo firme, su fuerza contenida en ese agarre que me aprisiona por los brazos. Su pecho contra el mío. Su furia mezclada con algo que no debería estar ahí.
No debería sentir nada.
Pero siento.
Y eso me aterra.
Por un segundo —uno solo, maldito, fugaz y traicionero— mi cuerpo deja de obedecerme. La rabia se convierte en calor, la confusión en electricidad, y mis labios… mis labios le responden. Apenas un movimiento, apenas un temblor, pero lo suficiente para que él lo note. Lo suficiente para que él presione más, para que el beso se vuelva más profundo, como si quisiera devorar el aire que respiro.
Y entonces despierto.
El horror me cae encima como agua helada.
—¡Suéltame! —lo empujo con toda la fuerza que me queda.
Él retrocede apenas un p