Gabriel
La fiesta terminó hace horas, pero mi cabeza sigue hirviendo.
Mi padre está sentado frente a mí, inclinado en el sillón de mi despacho como si analizara los restos de una bomba recién explotada. Yo camino de un lado a otro, intentando contener la rabia que me quema desde dentro.
Adrián.
Fabricio Santorini.
Isabela mirandome aterrada.
Todo mezclado, todo revuelto, todo insoportable.
—¿Vas a quedarte de pie toda la noche? ¿Estás bien? —pregunta mi padre finalmente.
Me detengo.
Respiro hond