Gabriel
Nunca he sido un hombre que espere.
No espero llamadas.
No espero aprobaciones.
No espero a nadie.
Pero hoy sí.
Camino de un lado a otro del estudio como un animal encerrado. El reloj marca las diez y treinta de la mañana, hace más de hora y media que se fue. Llevo mirándolo desde las nueve. Desde que ella salió por esa puerta con la excusa de “hablar con su padre”.
Mi error fue haber asentido.
Mi segundo error fue creer que iba a sentir alivio cuando por fin ella hiciera lo que necesi