La paz que había comenzado a instalarse en el palacio tras la enfermedad de Aurora era frágil, como el primer hielo del invierno sobre un canal. Alexandra había notado un cambio sutil en Adriano. Ya no era la hostilidad abierta, sino una cautelosa observación, una distancia que se sentía menos a un abismo y más a un espacio respirable. Incluso había cenado con ellas dos noches seguidas, haciendo preguntas a Aurora sobre su día y, en un par de ocasiones, dirigiendo alguna palabra neutra a Alexan