Ella lo miró, todavía con las mejillas sonrojadas, no quería perderlo y para eso tenía que demostrarle que podía complacerlo
—Quiero sentirte, como tú lo desees
Santiago la besó lento
—Gracias, amor.
Se quitó el condón y lo dejó a un lado. Volvió a entrar muy despacio. Los dos soltaron un gemido largo.
—Te lo dije… —dijo él, moviéndose apenas—. ¿Lo sientes?
Hope cerró los ojos, sintiendo cada centímetro sin barrera.
—Es… increíble. Mucho mejor.
Empezaron a moverse otra vez, más lento, más intenso. Hope le clavó las uñas en la espalda.
Santiago le habló al oído suplicando:
—Hope… ¿me dejas venirme dentro? Quiero darte todo, amor… todo.
Ella lo miró fijo, accedió
—Sí. Quiero sentirte cuando te vengas.
Eso fue todo lo que necesitó. Santiago la abrazó fuerte, aceleró un poco y se dejó ir dentro de ella.
Hope sintió el calor y llegó otra vez con él, abrazándolo.
Cuando terminaron, se quedaron abrazados en el sofá, sudorosos, temblando, besándose entre respiraciones entrecortadas.
—Graci