Capítulo 94
Luciano entró en la habitación del hospital con el corazón acelerado, lo que realmente lo sacudió fue ver a Adriana, sentada en la cama, con una manta cubriéndole las piernas. Estaba pálida, despeinada, con lágrimas en los ojos. Apenas lo vio, extendió los brazos y lo abrazó con fuerza
—Luciano… no siento mis piernas —dijo entre sollozos temblorosa y con la cara llena de pánico —. No puedo moverme, por favor dime qué pasó.
Él se quedó en silencio unos segundos, tragó saliva y se sentó a su lado, evitando mirarla directamente, la culpa le pegaba en el pecho
—Caíste por las escaleras —respondió al fin, con la voz rota—. El golpe fue fuerte… el médico dijo que la lesión en tu columna es grave. No hay movimiento, Adriana… ahora eres paralítica.
Ella abrió los ojos como si hubiera recibido un golpe directo en el pecho. Luego gritó. Un grito lleno de dolor y desesperación que hizo vibrar las paredes, la mujer sentía que se moría.
—¡Tú me empujaste! —exclamó con rabia dándole go