El aire en el despacho se volvió tan denso que casi podía masticarse.
Seguí tecleando, aunque ya no veía las cifras. Mis dedos se movían por inercia, repitiendo la misma diapositiva una y otra vez mientras mi mente gritaba.
¿Esto es lo que somos ahora? ¿Dos extraños compartiendo el mismo espacio,