Chloe sufrió. Lloró. Gritó. Me apretó la mano hasta casi rompérmela. Yo le secaba el sudor de la frente, le besaba los nudillos y le susurraba palabras que ni siquiera sabía que podía decir.
—Eres la mujer más fuerte que conozco… Estoy aquí, mi vida. No me voy a ninguna parte.
Cuando llegó el mome