Los ojos de papá se abrieron de golpe, pero no fue una apertura tranquila. Fue como si algo dentro de él hubiera tirado de una alarma invisible. Los párpados temblaron, las pupilas se dilataron buscando foco, y de inmediato su pecho se agitó con un movimiento brusco, desesperado. El tubo endotraqueal que le salía de la boca, grueso, transparente, conectado al respirador, vibró con cada intento de tragar saliva o de toser. El sonido que salió no fue una palabra: fue un gorgoteo húmedo, ahogado,