Mi corazón dio un vuelco.
—No fue nada —murmuré—. Solo Lucas siendo Lucas.
Sebastián dio un paso hacia mí. No me tocó. Pero la distancia entre nosotros se redujo de golpe.
—No me gusta —repitió, más bajo—. Estamos casados y no quiero habladurías, que la esposa del jefe se ríe y anda cariñosa con uno de marketing.
No supe qué responder.
Solo asentí, porque las palabras se me habían atascado en la garganta.
Él suspiró, se pasó una mano por el pelo y se dio la vuelta hacia la cocina.
—Voy a prepar