Pasamos siete días completos en casa de mis padres.
Y, contra todo pronóstico… no fue incómodo.
Si alguien me lo hubiera dicho hace un mes, no lo habría creído. Que Sebastián encajaría. Que mi padre dejaría de mirarlo como si estuviera evaluando cada respiración. Que mi madre lo incluiría en conversaciones cotidianas como si siempre hubiera estado ahí.
Pero pasó. No de golpe, no como una transformación milagrosa. Fue algo más sutil. Más real.
Pequeños gestos.
Mi padre preguntándole su opin