La casa se fue quedando en calma poco a poco.
Después de enseñar las cosas, de las sonrisas suaves, de los comentarios de mi madre y de ese ambiente casi… acogedor, todo volvió a un ritmo más lento.
Pero algo había cambiado.
No de forma drástica, no como en las películas. Sino en pequeños detalles.
En cómo Sebastián se movía por la casa sin parecer fuera de lugar, en cómo mi padre ya no lo observaba con la misma tensión. En cómo yo… ya no sentía esa distancia constante.
Era raro, pero también…