El silencio que vino después no era incómodo como antes. Era denso, sí… pero también necesario. Como si ambos supiéramos que cualquier palabra de más podía romper algo que apenas estaba intentando sostenerse.
Cerré los ojos.
No estaba dormida, pero tampoco completamente despierta. Mi mente seguía dando vueltas, repitiendo cada parte de la conversación como si buscara un error, un matiz distinto, algo que me permitiera sentirme menos… así.
Pero no lo encontraba.
Sentí el colchón moverse ligerame