El lunes por la mañana, nos movimos por el apartamento con esa coreografía que ya habíamos empezado a crear desde que vivíamos juntos como marido y mujer. Él preparó café para él mientras yo revisaba el correo en la isla de la cocina. Era extraño lo normal que se sentía todo… y lo tenso que seguía estando debajo de la superficie.
Llegamos juntos a la oficina, como casi todas las mañanas desde que nos casamos. La recepcionista nos saludó con una sonrisa cómplice; ya nadie se sorprendía de vernos