A la mañana siguiente, el cielo estaba cubierto por una ligera neblina cuando Alma llegó a aquel lugar.
No quería estar ahí.
Desde que bajó del automóvil sintió un peso incómodo en el pecho, como si su cuerpo supiera que no pertenecía a ese sitio. El letrero de la clínica naturista colgaba sobre la puerta de madera, decorado con símbolos orientales y dibujos de plantas medicinales.
Todo le parecía extraño. Pero aun así había venido.
No por ella. Sino por Elyna.
—Verás que esta vez funcionará, hi