Alma quiso negarse al principio. Sabía que debía detenerse, sabía que había muchas razones para no cruzar esa línea.
Sin embargo, ya era tarde. Su corazón no estaba dispuesto a escuchar a la razón. Lo amaba, y ese sentimiento era demasiado fuerte para ignorarlo.
Cuando lo miró a los ojos, sintió que ya no había marcha atrás.
Sus cuerpos se acercaron poco a poco, como si ambos intentaran contenerse, pero el deseo que existía entre ellos era evidente.
Sus manos comenzaron a buscarse con timidez al