Lucero recibió a su madre mientras permanecía en la cama. No tenía fuerzas para levantarse. Se veía cansada, con el rostro pálido y los ojos apagados. Había pasado días difíciles y su cuerpo todavía se sentía débil.
Cuando Elyna entró en la habitación, lo primero que hizo fue mirar a su hija con atención. No necesitó mucho tiempo para darse cuenta de que algo estaba mal. Lucero intentaba mantenerse tranquila, pero su expresión decía otra cosa. Había tristeza en su mirada.
Elyna se acercó despaci